¿Te extraña esta pregunta? Pues te diremos que en este mundo moderno, lleno de antibióticos, de jabones antibacterianos, de detergentes que prometen eliminar el 99% de los microbios, somos cada día más débiles y vulnerables ante microorganismos más bien inocuos.

Nuestros viejos amigos

Se dice que los microbios son malos. Ciertamente, algunos no solamente son malos, pueden ser letales para nosotros. Desde que se descubrió que con sólo lavarse las manos se evitaban infecciones de toda índole, hemos asumido que todos los microorganismos son dañinos.

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Pero no es así. Resulta que muchos de ellos son útiles para mantener fuerte nuestro sistema inmune: crean una capa protectora en nuestra piel que la cuida de agentes nocivos, en nuestro intestino ayudan a digerir los alimentos y en general nuestra salud se ve beneficiada por su acción.

Fuera del cuerpo, descomponen los residuos orgánicos, producen la mitad del oxígeno necesario y fijan los niveles de nitrógeno en el aire, ayudando a mantener la vida en la Tierra tal cual la conocemos.

Muchos científicos están de acuerdo en admitir que la extrema limpieza moderna actúa en contra de la salud. Somos demasiado limpios, y eso no es bueno.

En 1989 David Strachan, un epidemiólogo británico, sugirió por primera vez que la exposición temprana a infecciones durante la infancia podía conformar una extraordinaria defensa contra las alergias en edades posteriores. Es lo que se conoce como “hipótesis de la higiene”.

De hecho, una alergia es nuestro sistema inmunológico enloquecido al percibir sustancias inofensivas como una gran amenaza. Al respecto, Dorothy Matthews, bióloga del Russell Sage College de Troy, Nueva York, dice que nuestros cuerpos pueden reaccionar de manera exagerada a las bacterias y microbios benéficos, pues el sistema inmune “ha olvidado cómo convivir con ellos”.

La microbiota o microflora –que son los microorganismos que viven sobre y dentro de nuestros cuerpos–, es esencial para relacionarnos con la biodiversidad microbiana del medio ambiente, y la obtenemos a través de nuestras madres.

Hábitos… ¿asquerosos y saludables?

Aunque no lo creas, es mucho mejor para un niño a quien se le ha caído su chupete que su madre lo chupe para limpiarlo y luego se lo dé. Sí, suena horrible, ¿cómo es posible que semejante acto sea bueno para la salud de un bebé? ¿No es mejor darle uno ya limpio y esterilizado? Pues aparentemente no, tal y como lo expone Graham Rook, epidemiólogo del University College de Londres. Este científico dice que es un hecho que la saliva materna acelera el desarrollo de la microbiota infantil y reduce las alergias, y podría considerarse como una “terapia de exposición”.

Asimismo, recomienda tener una dieta variada, preferiblemente con alimentos orgánicos. Y hacer ejercicios al aire libre, en lugar de en un gimnasio. Por supuesto, una de sus principales recomendaciones es que los niños crezcan con una mascota, mejor perros o gatos, pues ayudan a aumentar la biodiversidad microbiana y a reducir las posibilidades de sufrir de alergias.

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La idea no es ser sucios, sino en no ser “demasiado” limpios. Un niño cuyo nacimiento es normal presenta tasas más bajas de alergias que los nacidos por cesárea, ya que al nacer pasan a través de la flora vaginal de la madre.

El punto es que la exposición a buenos microbios desde temprano puede beneficiar grandemente nuestra salud. Hay que limpiar, pero no tanto, para que esos “viejos amigos” sigan en contacto de la misma forma en que lo hicieron con nuestros antepasados.

Cosas que SÍ hay que hacer

1 Lavarse las manos es esencial. No basta con echarse agua, hay que frotarse con jabón para que los gérmenes se despeguen de la piel, y enjuagarse con agua para eliminarlos. Al respecto, todos los científicos están de acuerdo, pues las manos sucias son un vehículo perfecto para todo tipo de bacterias que definitivamente nos enferman.

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Pero no todo el cuerpo tiene que ser lavado tan rigurosamente. Dice Rook que un ambiente de extrema esterilidad es una privación sensorial para el cerebro, hace que el sistema inmune se vuelva loco y aumenten las alergias y la autoinmunidad asociadas a las personas que se esfuerzan denodadamente en evitar toda exposición a cualquier cosa en su entorno.

2 Tomar largas duchas diarias no necesariamente es aconsejable, ya que se eliminan las bacterias buenas de la piel. Un duchazo rápido es mucho mejor, y sobre todo lavarse los genitales y las zonas donde haya mucho sudor.

3 Otra cosa que sí hay que seguir haciendo es cambiarse la ropa interior todos los días.

4 Lavar las tablas de cortar. No hace falta hacerlo enseguida si cortas vegetales, puedes esperar a almorzar o cenar y lavar los platos después. Pero si has picado carne, pollo o pescado sí hay que lavarlas inmediatamente, pues hay bacterias allí que pueden poner en riesgo a toda la familia.

Sobre todo con el pollo, que suele estar contaminado de salmonella. Si no lo cocinas bien y lavas perfectamente cuchillos, tablas y cualquier utensilio utilizado para cortarlo, puedes generar una terrible intoxicación alimentaria.

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5 Cambiar toallas húmedas en los baños y pañitos en la cocina, pues estos ambientes son especialmente favorables para las malas bacterias. Las toallas de mano es mejor cambiarlas, si no a diario, sí por lo menos cada dos días.

Los paños de cocina acumulan muchos microbios, y sí es recomendable poner uno limpio diariamente.

6 Cambiar las sábanas al menos una vez a la semana.

7 Lavar toallas y sábanas a una temperatura de 60º C para eliminar microbios indeseables, o con agentes blanqueadores con base de oxígeno en los detergentes si se lava a temperaturas bajas.

8 Mantener la tapa del inodoro cerrada. No sólo el feng shui recomienda cerrar la puerta del baño y la tapa del inodoro para que no “escape” la prosperidad. Tenerla abierta es invitar a las bacterias a que hagan fiesta en nuestra sala de baño.

De esta manera, seremos más saludables y más fuertes si nos exponemos a los microbios. Comenta qué te parecen estos consejos y lee por qué no es saludable hacer la cama.

Imágenes: Pixabay, Wikipedia, Matthijs