La llamaron la “Dama de la lámpara”, por ser esa mujer incansable que no descuidaba su labor en ningún momento, por ser esa enfermera que amó su oficio por encima de todas las cosas, y que atendía a sus heridos con suma dedicación, fuera la hora que fuera, sosteniendo siempre su candil.

¿Su nombre? Florence Nightingale. Estamos seguros que te encantará saber más cosas sobre esta mujer que asentó muchas de las bases actuales del campo de la enfermería.

El legado de Florence Nightingale

Florence Nightingale fue una mujer muy avanzada a su época. Disponía de un espíritu inquieto y desafiante, lleno de ansias y sueños que iban mucho más allá de las férreas normas de la tradicional Inglaterra Victoriana. Sólo con ver su mirada, intuimos su fuerza: Florence no era de las que soportaba la calma del hogar ni esa rutina asfixiante en la que caía toda joven casadera, toda muchacha educada únicamente para ser esposa y madre.
Florence se sentía como un barco a la deriva, hasta que decidió reaccionar. Se le daban muy bien las matemáticas y la ciencia, y aunque en un principio su padre no vio bien que siguiera su formación académica, se lo permitió a cambio de que nunca perdiera de vista su posición en la sociedad y sus obligaciones para con su familia. No obstante, cuando Florence Nightingale recibió su primera proposición de matrimonio, la rechazó y comprendió al instante que no iba a soportar mucho más aquella clase de vida.

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Florence Nightingale

Quería ser enfermera, es más, quería ayudar a las personas enfermas. Disponía además de una gran vocación religiosa, de una voluntad sincera por ayudar a sus semejantes. No obstante, también podríamos añadir que a su corazón creyente, se le unía también una pizca de mujer tenaz y aventurera, porque en 1849, emprendió un viaje iniciático y formativo por Europa y Egipto. Lugares en los que pasó largas temporadas en diversos hospitales, donde recibir educación como enfermera y aprender distintas metodologías y procedimientos.

Estuvo en Alejandría, en una institución católica, después en Dusseldorf, y también en el hospital Saint Germain de París. Obtuvo una gran formación y con ella logró ser superintendente en el Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas de Londres, para después, seguir un nuevo impulso de su corazón: ir a la Guerra de Crimea, en 1854. Hasta aquel momento, la guerra y el tratamiento de los heridos era cosa de hombres. La tasa de mortalidad en los hospitales solía ser del 90%, puesto que al problema de las infecciones o la insalubridad se le añadía además el cólera o el tifus.

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Si bien es cierto que el tema de las infecciones no fue totalmente comprendido hasta la llegada años después de los trabajos de Luis Pasteur, se sabe que la influencia de Florence Nightingale sobre el cuidado de los enfermos a lo largo de la Guerra de Crimea, asentó unas bases únicas y excepcionales. Ella solía escribir regularmente al periódico “The Times”, describiendo “el estado tan precario” en el que estaban todos los soldados heridos y los escasos recursos que los países destinaban al cuidado de los enfermos. El pueblo tomó conciencia de ello y el gobierno decidió, entonces, invertir más dinero. Gracias a ello, Florence Nightingale desarrolló los conocidos hospitales de campaña desmontables, capaces de llegar más cerca a las zonas de enfrentamiento y de proporcionar antes atenciones a los heridos.

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Mansión familiar de Florence Nightingale

Esta muchacha no fue una pionera en el campo de la medicina, en absoluto. Pero asentó las bases del concepto de la enfermería moderna al organizar al personal, poner estrictas medidas de higiene y concebir la enfermería como una especie de “ejército” bien instruido, en el que existen pautas, normas y donde el paciente es siempre lo más importante. Evitó contagios y la tasa de supervivencia en la Guerra de Crimea ascendió a un 70%. El legado de Florence Nightingale es un aliento suave que, a día de hoy, sigue presente en nuestros hospitales y nuestras clínicas.

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Nos dejó su espíritu emprendedor, dedicando el resto de su vida a promover las bases actuales de la enfermería como profesión, y en como asentar las normas modernas. Fue la primera mujer en recibir la Orden de Mérito del Reino Unido, y como curiosidad final te diremos que, a pesar de considerarse a Henri Dunant, como fundador de la “Cruz Roja”, él mismo expresó que la persona que le inspiró verdaderamente para crear dicha organización fue “la Dama de la Lámpara”.

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Imagen: RajeevSimon Q