En Supercurioso te hablamos una vez de 10 cosas que no sabes de tu cuerpo y queremos seguir investigando alrededor de este tema. En esta ocasión nos fijaremos en esa reacción que nos hace sonreír nada más oír su nombre: las cosquillas.

¡Cosquillas y más cosquillas! ¿A ti mismo?

Seguramente todos hayamos experimentado lo que ocurre cuando le haces cosquillas a alguien en los pies, en la barriga o en el cuello, las llamadas cosquillas-tortura pero…¿Por qué uno mismo no es capaz de retorcerse de risa o ni siquiera sentir un pequeño reflejo de esa misma sensación que cuando te las hace otra persona?

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Pues bien, la respuesta es sencilla: las cosquillas son como una señal de alarma que crea nuestro propio cuerpo ante un estímulo del exterior, y como puedes comprobar ahora mismo, nadie puede alarmarse a sí mismo. Esto sería como intentar asustarnos a nosotros mismos y además conscientemente. Un poco difícil, ¿no crees?

El cerebro tiene la repuesta

Como ya sabrás, el cerebro es el encargado de recibir los estímulos y las sensaciones que recibe todo nuestro cuerpo y también de amortiguar y redirigir su intensidad, por lo que, si éste detecta una nivel bajo de amenaza, ni siquiera nos lo advierte.

Por ejemplo, cuando alguien nos roza con su pie, nuestro cuerpo se pone en alerta (puede que nos pisen y enseguida quitas el pie), sin embargo, la presión y el roce que ejerce el calcetín en nuestro tobillo pasa desadvertido para nosotros.

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Es el cerebelo el encargado de distinguir este tipo de sensaciones que provienen de otras personas o de nosotros mismos y, dependiendo del caso, te advierte o no de ellos. Para nuestro cuerpo, las cosquillas no son ninguna amenaza si las hacemos nosotros mismos, ahora bien, si te las hace otra persona… ¡Cuidado! ¡Pueden indicar un riesgo elevado de espasmos y risa! ¡Al ataquerrrrr!

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Imágenes: Sham Hardydolanh