Las ballenas no siempre han sido vistas como gigantes marinos bondadosos, víctimas de la codicia insaciable de los humanos; la historia de Jonás y la ballena, la isla malvada de las aventuras de Simbad, en Las mil y una noches o, en tiempos más recientes, la saga de Moby Dick nos presentan una imagen más bien torva y feroz de una familia, los cetáceos, que pocas veces ha atacado a los humanos, pero cuando lo ha hecho ha dejado una profunda impresión en nuestra memoria.

El cachalote

La especie que más se acerca a esta imagen fantástica y peligrosa de las ballenas es el cachalote (Physeter macrocephalus), un mamífero marino que puede alcanzar un promedio de veinte metros de largo, aunque en el siglo XIX se reportaron individuos de veinticuatro y hasta veintiséis metros, muy cerca de las dimensiones de la ballena azul, el mamífero más grande del mundo. Sin embargo, este animal de diseño algo tosco y desproporcionado encabeza otros récords como mamífero: es el animal dentado más grande de los que vive actualmente; el del mayor cerebro (con un peso entre los siete y ocho kilogramos), aunque eso no lo haga el más inteligente, ni siquiera entre los animales marinos; y es el que alcanza las mayores profundidades conteniendo la respiración, entre los dos y tres mil metros, aguantando hasta noventa minutos.

Un cazador cazado hasta el borde de la extinción

El cachalote es considerado también el depredador más grande que existe y usualmente captura su alimento sin descender más allá de los cuatrocientos metros, constituido por calamares y peces; pero no cualquier calamar. El cachalote desciende a grandes profundidades para capturar calamares gigantes, con los que aparentemente tiene grandes luchas de las que nadie ha sido testigo, pero de las que sabemos por las cicatrices y marcas de tentáculos en los cuerpos de ballenas capturadas.

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La otra lucha que ha sido documentada es la del cachalote con otro mamífero bípedo y terrestre: el humano, que empezó a cazarlo en masa desde el siglo XVIII y no dejó de hacerlo hasta 1988, cuando el último país, Japón, dejó de cazarlos. En ese lapso la población de estos cetáceos pasó de un estimado millón cien mil, a poco más de cien mil en la actualidad.

Batallas históricas y literarias

El cachalote no enfrentó pasivamente la depredación humana y hay al menos dos casos documentados de barcos hundidos por estas ballenas, siendo más famoso el caso del ballenero Essex, procedente de Nantucket (Massachusetts, Estados Unidos), hundido en 1820 en el océano Pacífico, a casi cuatro mil kilómetros de la costa de Suramérica. La ballena que arremetió contra el barco dos veces tenía cerca de veintiséis metros y su acción provocó de modo indirecto la muerte de casi toda la tripulación, y una historia de naufragio y canibalismo que merece un artículo aparte.

El hundimiento del Essex sirvió además de inspiración a un marinero de otro barco ballenero, que quería ser escritor: Herman Melville.

“Llamadme Ismael”

Con esta frase comienza Moby Dick, considerada un clásico universal, que consiste en un relato épico en torno a la persecución de una ballena blanca, Moby Dick, por parte del capitán Ahab y su barco, el Pequod, que no sobrevive a la aventura. Melville se inspiró en la historia del Essex, en su experiencia como tripulante de balleneros y en reportes sobre avistamientos de cachalotes albinos al sur de Chile, que han sido confirmados posteriormente.

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La novela fue publicada en Estados Unidos en 1851 y desde entonces, gracias a traducciones y versiones cinematográficas, hay una ballena blanca navegando en los mares de nuestra imaginación.

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Imágenes: Amila Tennakoon, Javier Delgado Esteban, Reeding Lessons.