Si te interesa la arquitectura (y probablemente si no, también), seguramente has oído hablar de la Sagrada Familia de Barcelona, la obra magna del arquitecto Antoni Gaudí. El templo constituye un símbolo de la ciudad condal, a la altura de la Torre Eiffel, de París, o del Big Ben, de la capital británica. También es posible, si te interesa el tema o has visitado Barcelona, que te suenen la casa Milà (o “La Pedrera”), la casa Batlló (o “Casa dels ossos”), el parque Güell, entre otros proyectos concebidos por el genial arquitecto que han sido declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

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Interior Sagrada Familia (1882-). Antoni Gaudí.

Pero éstas no fueron las únicas creaciones del catalán de finales del siglo XIX e inicios del XX. Son menos conocidas las Bodegas Güell o la Villa Quijano de Comillas, Cantabria, entre otras muchas obras repartidas por el territorio del estado español. Aún es mayor el desconocimiento, como es razonable, de aquellos proyectos que nunca llegaron a ejecutarse. Uno de los más desconocidos y posiblemente el más curioso es el encargo que se hizo a Gaudí de un rascacielos para la ciudad de Nueva York, y que de haberse llegado a construir, podría haberse convertido en un icono de la ciudad, por su singularidad gaudiniana.

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Porche Colonia Güell (1914). Antoni Gaudí.
Hotel Attraction, el rascacielos más alto del mundo

En 1908 un grupo de empresarios norteamericanos de viaje en Barcelona visitó las obras de la Sagrada Familia y solicitaron reunirse con Gaudí para proponerle un proyecto: un rascacielos en la zona de Manhattan, el Hotel Attraction.

Gaudí se puso, entonces, manos a la obra y proyectó un enorme edificio de 360 metros de altura. Para poder hacernos una idea, es relevante saber que precisamente aquel año se construía en Nueva York el edificio Singer, que con tan solo 187 metros se convertía en el más alto del mundo. Puestos en contexto, vemos la verdadera magnitud del proyecto que Gaudí ideó para la ciudad. Era, en definitiva, un edificio adelantado a su tiempo.

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Maqueta del Hotel Attraction en la Gaudí Experience

El Hotel Attraction hubiese estado conformado por un cuerpo paraboloide central, más alto y más grueso, y un conjunto de cuerpos adheridos, éstos los que contendrían las habitaciones del hotel en sí.

En el cuerpo central, y de abajo a arriba, hallaríamos cinco restaurantes, cada uno en una planta, y dedicados a los cinco continentes, un salón de fiestas en la sexta planta, un museo de curiosidades americanas y galerías de arte en la séptima, una sala de conciertos en la octava y finalmente, coronando el conjunto, la más monumental de todas (unos 120 metros de altura), la sala Homenaje a América, con una reproducción de la estatua de la libertad de 10 metros en su centro.

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Algunos bozetos de los realizados por el mismo Gaudí

La entrada principal hubiese contado con una enorme recepción de 17 metros de altura abriéndose a la fachada, ésta adornada con ricos mosaicos de colores que irían desde tonos verdes y marrones en la base del edificio, pasando por el gris y el rojo y acabando en cúpulas vidriadas. Rematando exteriormente el conjunto, una enorme estrella mirador, también de vidrio, en la cúspide del colosal hotel, concebido casi como una “catedral pagana”

En los últimos años se ha relanzado el proyecto como propuesta para la actual ciudad de Nueva York. Específicamente se presentó como “sustituto” del World Trade Center tras la caída de las torres gemelas en 2001 y a pesar de que, de nuevo, no llegó a puerto en esa ocasión, continuará siendo una idea que flotará en el ambiente mucho tiempo, ya sea para Nueva York o para otra ciudad, y que posiblemente algún día llegue a construirse.

Las dudas: ¿Auténtico Gaudí?

Por más atractivo e interesante que nos parece este proyecto, dadas las circunstancias, nos vemos obligados a conceder el “maleficio” de la duda. Aunque la aceptación del proyecto como auténticamente gaudiniano está bastante extendida, las condiciones en las que tenemos noticia de él son, al menos, misteriosas.

El hecho es que conocemos el proyecto por una única fuente: El escultor Joan Matamala, hijo del también escultor Llorenç Matamala, hizo pública su existencia en 1956, en el libro Cuando el Nuevo Continente llamaba a Gaudí (1908-1911). El autor del libro era un joven de 15 años en el momento de la arribada de los empresarios estadounidenses y trabajaba como aprendiz en el taller de la Sagrada Familia, junto a su padre. Según cuenta, presenció la llegada de los empresarios y se enteró del proyecto que le había sido encargado al arquitecto: “Cuando Gaudí volvió al estudio luego de esta despedida, iba notablemente preocupado (…) Me hizo suponer que los dos norteamericanos le habían expresado algo particular” . Matamala añade en la nota a pie de página: “el respeto que por mi condición juvenil debía a los asuntos del arquitecto no me permitía intervenir en ciertos aspectos que hoy constituirían datos valiosísimos”. No obstante, es únicamente su testimonio, en efecto detallado, el que da memoria al proyecto en su totalidad. Con el libro se hicieron públicos un conjunto de croquis y planos atribuidos al propio Gaudí y otros tantos realizados por el mismo Matamala, en base a lo que decía recordar del proyecto original. Algunos de los documentos, autografiados por Gaudí, fueron estudiados por el arquitecto mexicano Marcos Mejía López en su tesis doctoral Investigación sobre un rascacielos de Gaudí en Nueva York (1992), y éste los dio por genuinos. Parecen despejarse las dudas. Sin embargo el proyecto continúa estando envuelto de cierta aura de misterio.

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Algunos de los dibujos realizados por Joan Matamala

Lo misterioso del asunto es que nadie más, ni siquiera los colaboradores más cercanos al arquitecto, hiciera nunca mención pública de este rascacielos. Por otra parte, los empresarios norteamericanos no tienen nombre y al otro lado del Atlántico aparentemente tampoco se sabía nada del edificio antes de la aparición de las memorias de Matamala. Intrigante es, también, la escasez de documentos realizados por el mismo Gaudí para un proyecto de ésta envergadura.

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La Pedrera-Casa Milà (1912). Antoni Gaudí.

El escultor intenta salir al paso de estas dudas y a base de pies de página nos deja la idea de un Gaudí que se tomó el proyecto como una responsabilidad exclusivamente suya y en la cual trabajaba sin hacer alarde de ello, por lo cual muy poca gente hubiese estado al tanto. En relación a lo limitado de los documentos originales, Matamala hace referencia al saqueo acontecido en el taller de la Sagrada Familia en 1936 y aduce que la mayor parte de manuscritos se habría extraviado en esa ocasión. Sin embargo, todo este secretismo e intriga no deja de plantar dudas al respecto.

La teoría de los más escépticos

¿Podría Matamala haberse inventado todo con alguna motivación ajena a la arquitectura? Así lo creen algunas personas, que piensan que tras el que creen un falso Gaudí, pudo haber una motivación política.

Si nos situamos en la época de la publicación de Matamala, nos encontramos ya bajo la dictadura de Francisco Franco. “El gobierno del Generalísimo” ha pasado en 1956 su época más difícil, la del aislamiento internacional y precisamente Estados Unidos es quien abre la brecha a través de la cual la dictadura empieza a ver la luz a nivel mundial. En 1953 se firman importantes acuerdos entre Franco y el Presidente Eisenhower y dos años después España se incorpora a la ONU.

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Francisco Franco y Dwight D. Eisenhower en Madrid en 1959

En este contexto, de súbito, aparece la memoria Matamala. Los escépticos del proyecto Hotel Attraction se figuran la publicación del escultor como una estrategia vinculada al régimen y al gobierno de los EEUU, para “engrosar” los lazos comunes. 

No obstante, esta teoría también tiene sus peros. La selección de la figura del catalán Gaudí quizá no hubiese sido la más apropiada para el diseño de una ficción estratégica como ésta, dada la proscripción de lo catalán por parte del régimen. Es particularmente notorio, por ejemplo, que la escala del proyecto de Gaudí fuese 1:1714, en referencia al 11 de Septiembre de 1714, fecha en la cual las tropas de Felipe V de España culminan el asalto a Barcelona, y que es conmemorada por el catalanismo como una fecha patriótica. No parece tener mucho sentido que el franquismo infiltrara este simbolismo catalanista en su artimaña política.

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“Trencadís” del Parc Güell (1914) . Se aprecian las cuatro barras catalanas. Antoni Gaudí

Más allá de lo misterioso del medio siglo de silencio, no parece haber una teoría sólida que proporcione un móvil a Matamala para inventarse tan gran falsificación. Probablemente, lo cierto sea que la proposición a Gaudí sí existió, pero quizás tan solo como una posibilidad remota a concretar a posteriori, y Gaudí se limitó a concebir un proyecto en lineas generales. Esto explicaría el desconocimiento de sus colaboradores al respecto y la escasez de planos y croquis. La magnitud de los hechos pudo ser engrosada por Matamala, que tal vez fue aderezando, consciente o inconscientemente, la historia con el paso de los años.

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Imágenes: Joan Garcia SilanoPepe Mantecadiegoperez74Jaume Meneses, Ken Douglas.