Hormigas. Pequeñas, insignificantes… apenas las vemos pero alzan sus ciudades bajo nuestros jardines, disponen de una jerarquía bien establecida y son capaces incluso, de desencadenar auténticas guerras entre ellas. Las hormigas son tan inquietantes como fascinantes, tanto, que en ocasiones agradecemos que dispongan de ese minúsculo tamaño, porque si llegaran a alcanzar dimensiones similares a las nuestras, estaríamos perdidos y casi extinguidos…

Pero ¿Es verdad que pueden levantar pesos titánicos? ¿Qué transportan sobre sus cuerpos pesos que son 50 veces superiores al suyo propio?

Las hormigas Atta

La respuesta es sí. Pueden hacerlo. Pero la verdadera pregunta que deberíamos hacernos es si en realidad, todas las hormigas son capaces de cargar sobre sí mismas estos grandes volúmenes. Los biólogos nos dicen que, efectivamente, no todas pueden hacerlo, existen varias especies, y son precisamente las llamadas hormigas Atta, las que lo hacen. Esta raza está habituada a “cortar hojas”en los bosques y las selvas, son unas trabajadoras incansables: talan con sus mandíbulas, arrancan y cargan.

Pero estas hojas que recolectan no son para ellas, no es este el secreto de su fortaleza. Las utilizan para alimentar una colonia de hongos que cultivan bajo tierra, en el interior de su nido. Y es de esto de lo que se nutren… ellos les aportan este gran vigor.

Su ingenio para seleccionar las mejores hojas  y la propia evolución biológica han hecho de estas hormigas, auténticas máquinas de fuerza y de transporte, criaturas con una musculación cefálica realmente portentosa, ahí donde sujetan sus cargas. Y aún hay más, si viéramos bajo un microscopio sus mandíbulas quedaríamos aterrados. Son como sierras afiladas que les ayudan a arrancar  formidables plantas de gran grosor.

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Semillas gigantescas

Ya hemos visto que solo las hormigas Atta son capaces de llevar sobre sí mismas pesos 50 veces superior a ellas, pero ahora bien, el resto de ellas pueden cargar pesos también muy pesados. Todas obtienen el alimento del exterior y lo transportan a lo largo de largas, larguísimas distancias. ¿La finalidad? alimentar a sus larvas, a otros individuos del nido que se encargan de otras labores, como puede ser la reproducción.

De ahí que estemos acostumbrados a verlas acarrear enormes semillas sobre ellas formando esas clásicas filas por nuestros jardines, por nuestras casas y patios.

Todo el peso de la carga lo aguantan sobre sus cabezas y sus poderosas mandíbulas. Además, las hormigas disponen de un cuerpo muy ágil adaptado para el transporte, su esqueleto es muy ligero y sus seis patas les ayudan a distribuir perfectamente el peso. Apenas lo notan. Lo normal es que la mayoría de las hormigas levanten  de 5 a 10 veces su propio peso y arrastren objetos de 20 a 30 veces más pesados que ellas.

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Nosotros, los humanos, apenas podemos levantar nuestro propio peso, pero eso no significa que las hormigas sean más fuertes que nosotros. Es precisamente su pequeño tamaño lo que les ofrece ventaja a la hora de generar fuerza. Según la física, a medida que aumenta el tamaño de un organismo, por pequeño que éste sea, aumenta su masa corporal a un ritmo mucho mayor que el área de la sección transversal de los músculos, de modo que los músculos de los seres más grandes, como los humanos, por ejemplo, tienen que levantar más masa. Si nosotros mismos fuéramos tan pequeños como las hormigas, seríamos igual de fuertes, porque ser pequeño, medir de entre 10 y 15 milímetros, significa tener más músculo en proporción (en la sección transversal).

Sea como sea, no podemos evitar seguir admirándonos por el complejo mundo de las minúsculas hormigas. Férreas trabajadoras e infatigables deambuladoras por nuestras casas y jardines.